¿Puede Vox convertirse en un partido mayoritario?

En el último año Vox ha irrumpido con mucha fuerza en el ámbito parlamentario, en las Comunidades Autónomas y en multitud de ayuntamientos de toda España.

De apenas tener unos concejales en un par de ayuntamientos de nuestro país ha pasado a superar los 2 millones y medio de votantes a nivel nacional, tener representantes en la mayoría de parlamentos regionales y tener miles de concejales en todas las comunidades autónomas.

El cambio cualitativo y cuantitativo ha sido radical. Primero porque su visibilidad, tanto en medios de comunicación como en redes sociales, ha sido exponencial.

Vistalegre

El primer hito fue el mitin de Vistalegre en el que Vox logró reunir a más de 10.000 personas y en el que los medios de comunicación se hicieron eco de una fuerza política hasta entonces ignorada y que comenzó a seguir a un líder carismático como es Santiago Abascal.

Aquello supuso un antes y un después para la formación política y fue, sobre todo un revulsivo para presentarse a unas elecciones que estaban muy próximas: las elecciones andaluzas.

La formación verde consiguió, contra todo pronóstico y contra todas las encuestas, 12 diputados. Ahí fue cuando el fenómeno Vox se convirtió en algo más que algo político; fue sobre todo un fenómeno mediático. Reportajes en prensa, en televisión… ciertamente Vox era el tema de moda en tertulias políticas, en la calle, en conversaciones de bar.

Todo el mundo hablaba de una formación que no dejaba indiferente a nadie por sus planteamientos, que por primera vez se veían en nuestro país.

Planteamientos polémicos por un lado en cuanto a sus posicionamientos sobre inmigración, sobre feminismo, sobre la vida humana y la familia, y sobre otras cuestiones políticamente incorrectas, que se salían del discurso habitual de los partidos mayoritarios.

Tsunami

De ahí que Vox entrara como un tsunami en el sistema de partidos al entrar en el parlamento andaluz y sobre todo al facilitar un cambio de gobierno en la Junta y desalojar al PSOE colaborando con el Partido Popular y Ciudadanos, arrebatando a Susana Díaz el poder del gobierno andaluz.

Ese cambio radical que se produjo a finales de 2018 hizo que Vox creciera como la espuma en las encuestas y por primera vez entrara en el reparto de escaños en las elecciones que tuvieron lugar en el mes de abril.

Más de 2 millones y medio de votantes que optaron por un partido que, sin embargo, ha sido estigmatizado por una mayoría de los analistas políticos, que ha sido calificado de extrema derecha, y al cual se ha comparado con opciones como el Frente Nacional francés de Maríne le Pen o La Lega de Mateo Salvini.

Más parecido a PP o a Cs

Sin embargo estas comparaciones deben cogerse con muchos matices ya que Vox realmente no tiene tantos puntos de distancia con el Partido Popular o incluso con ciudadanos. Recordemos que hasta 2013 el presidente de Vox, Santiago Abascal era militante del PP, e incluso llegó a ser concejal y diputado autonómico en varias legislaturas en el País Vasco.

De ahí, -en parte-, que el ideario político, la inspiración, lo que es la esencia de Vox no sea tan radicalmente opuesta a lo que es el Partido Popular. Si acaso se puede hablar de una especie de versión 2.0 de lo que es el PP.

Si los de Pablo casado son una versión más liberal, los de Vox pueden considerarse como una versión conservadora. Pero lejos de los análisis sesgados y radicales que muchos analistas políticos han querido hacer, Vox no se trata de una fuerza de ultraderecha, ni de un extremismo radical, ni de un partido racista, ni de una formación xenófoba.

Es más, Vox siempre ha defendido los principios constitucionales, la democracia, la libertad y la unidad de España como principios inspiradores de su ideario político.

¿Acaso es esto contrario a la Constitución? En ningún caso. Pero se ha querido ver a Vox con un filtro que nada tiene que ver con la realidad. Y el objetivo es evitar que se consolide como un partido dentro del sistema de partidos.

Dicho de otra manera, se quiere limitar a Vox en un espectro político muy determinado, a un votante muy determinado, a un segmento muy determinado…

La prensa, los poderes fácticos, el resto de partidos, quieren que Vox quede cómo un partido “residual” de unos 2 millones de votantes que tenga diputados, pero que no haga más ruido, que no se pueda convertir en una opción mayoritaria para los españoles.

Atrapa todo

En los términos que la ciencia política denomina partido atrapa todo o catch all party. La intención es que Vox quede atrapado en un segmento de un 10 % de votantes (como máximo), en un entorno a 2 millones de votos y como máximo entre 20 y 25 diputados, pero no más.

Que se repita un caso como el del Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez, o como Unión Progreso y Democracia (UPyD) de Rosa Díez, o proyectos que no quedaron más que en intento como el Partido Reformista de Miquel Roca que fueron un rotundo fracaso. Pero nada más.

El sistema

El sistema, como se le puede denominar al sistema político español, junto a los medios de comunicación los bancos, las empresas más importantes del país, los lobbies etc. no quiere que un actor político como es Vox logre un poder que va más allá de lo que no pueden controlar; por tanto no quieren o tratan de evitar que Vox se convierta en una fuerza política que supere los 100 o los 150 escaños en el Congreso de los diputados.

Dicho de otra manera, el SISTEMA en mayúsculas no quiere ver a Santiago Abascal como presidente del gobierno.

De ahí que durante los últimos meses, ya casi un año, se haya presentado al presidente de esta formación política como una caricatura, como un personaje más que como un político, pese a que sus seguidores se cuentan por cientos de miles, sus votantes por millones y su proyecto sea apoyado por más de 50.000 militantes.

Nos preguntamos si Vox, con todas esas piedras en el camino podrá convertirse en un partido atrapa-todo, es decir, cazar votos de los sectores más liberales y de los sectores más a la derecha que le falta por recoger; o si realmente ya alcanzado su techo electoral.

Nos preguntamos también si los medios de comunicación, las empresas más importantes del país, los lobbies, los grupos de poder, los grupos internacionales van a permitir que un actor no controlado por las élites mundiales pueda gobernar un país sin su permiso.

Cordón sanitario

Nos preguntamos si el resto de partidos no se pondrán de acuerdo para hacer un cordón sanitario y evitar que un partido que podría tener una expansión a nivel nacional de manera exponencial consiga llegar al gobierno como ya ocurrió en la segunda República (cuando a la CEDA, que era el partido dominante en la derecha se le impidió gobernar).

Vox tiene ante sí durante el próximo lustro el gran reto de consolidarse como la gran fuerza de la derecha en España. De la derecha liberal, de la derecha conservadora, de todas las derechas, y también, ¿por qué no? de todas las fuerzas que creen en el estado de derecho, en la libertad, en la democracia y en la unidad de España.

Ese es su gran reto: convertirse en el referente de la derecha por encima del PP, sin renunciar a acuerdos, pero sin dejarse fagocitar por una formación cuya estrategia es acercarse y lanzar una OPA hostil.

Tentaciones

A veces los cantos de sirena y las tentaciones de cargos, de prebendas o de asientos puede ser muy tentadoras. Pero el proyecto político que encabeza Vox es un proyecto político de dignidad, es un proyecto político de libertad, es un proyecto político de democracia y es un proyecto político de honradez.

Ese proyecto no es compatible con un partido condenado por corrupción como el PP, cuyos líderes políticos expulsaron de manera tácita a los que se consideraran liberales o conservadores porque “aquel -en palabras textuales- no era su sitio”.

Ahora que las opciones liberales y conservadores están fuera del PP no pueden pretender que se den pasos atrás. Ya no hay marcha atrás.

Ahora Vox debe ser lo suficientemente inteligente, debe saber diseñar las estrategias lo suficientemente válidas, las tácticas suficientemente eficientes, para conseguir convertirse en un partido que, como decíamos antes, se convierta, en términos de ciencia política en atrapa-todo.

Solo así, solo convirtiéndose en el partido preponderante de la derecha como en su día hizo Manuel Fraga, Vox conseguirá ser el partido referente del conservadurismo español.

Fagocitado

Si no, corre el riesgo de ser fagocitado y como mucho de ser una facción dentro de una coalición, que finalmente acabe siendo parte de un todo que como Pablo casado ha denominado se denomine “la casa común del centro derecha”. No es eso lo que le conviene a Vox sino todo lo contrario.

Vox tiene que ser la referencia del centro derecha, Vox debe ser la referencia del conservadurismo en lo político y el liberalismo en lo económico, Vox debe ser “la casa común” de los que piensan de la misma manera en este país, en ese amplio espectro que va desde el Partido Popular hasta Cs.

Principios

Vox, por tanto debe ser ese referente para sobrevivir durante décadas y para convertirse en ese partido que pretende ser, en esa gran formación que aglutine a los sectores que realmente creen en unos valores y unos principios irrenunciables que el Partido Popular ha dado por perdidos en las últimas décadas.

Vox debe representar a esos millones de españoles que no están dispuestos a que se les imponga en qué idioma deben estudiar sus hijos, que no quiere que se les imponga la memoria histórica con una versión totalmente cerrada y sesgada de los últimos 80 años, que no quiere que se les imponga materias morales sobre asuntos en los que no hay un consenso nacional.

En definitiva, Vox no quiere callarse ante asuntos como el feminismo radical, o la unidad de España, pero para ello debe consolidarse como partido y su futuro pasa por convertirse en una opción mayoritaria dentro del espectro del centro derecha.

¿El centro?

¿Debe para ello escorase al centro? Probablemente eso le daría más réditos electorales pero perdería sus principios y perdería su esencia a muy corto plazo.

Ganaría votos en muy poco tiempo, pero los perdería en menos, porque la gente se daría cuenta de los tumbos ideológicos de un partido que hasta ahora ha sabido mantenerse firme ante todos los ataques dirigidos desde todos los ámbitos políticos y sociales de España.

Vox debe, por tanto, mantenerse firme en sus principios, firme esos postulados, firme en su ideología y todo llegará. Los resultados electorales llegarán, los réditos llegarán, el éxito político de un partido que ha hecho del sentido común su lema llegara.

Se convertirá de manera natural en un partido atrapa todo porque los sectores más liberales, o más centristas del partido popular se pasarán a una opción más coherente que no renuncia a unos principios que realmente siempre han sido los de la derecha democrática en España.

Vox por tanto, debe esperar, debe saber mantener el timing del ritmo político marcado por el resto de partidos. Y todo caerá por su propio peso.

La decadencia de Podemos es un hecho; el asalto a Cs está siendo retransmitido en directo; el PSOE se está rearmando para reconquistar a todo su electorado y el Partido Popular está haciendo lo mismo con los suyos.

Debe esperar

Vox debe esperar a captar a todo ese votante desencantado y ofrecerle una opción coherente de centro derecha. Todo lo demás llegará de una manera añadida. Llegará de manera natural. No harán falta ni estrategias políticas, ni Marketing electoral. El éxito electoral llegará por la coherencia del propio proyecto.

Solo así, Vox se convertirá, o mejor dicho se puede convertir en un partido mayoritario. O se puede convertir en el tercer partido nacional necesario para pactar con los otros dos grandes partidos y evitar que tengan que pactar con nacionalistas y separatistas para la formación de gobierno. Vox puede ejercer ese papel de árbitro.

Pero tampoco puede renunciar a ser partido de gobierno. No debe renunciar en ningún caso, a ser un partido mayoritario que vote una mayoría absoluta de españoles.

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