Defender la Constitución

Que si las elecciones con más partidos de la democracia, que si seis partidos en la derecha y la izquierda, que si una España ingobernable. Se ve que algunos no han vivido, (ni se han molestado en leer), lo que fueron las primeras elecciones generales tras la muerte del general Franco y que darían lugar a las Cortes Constituyentes.



Quizás pocos recuerden ya aquello de la «sopa de siglas», por el número espectacular de fuerzas políticas que se legalizaron (y presentaron) a las elecciones de 1977, (un libro de referencia para conocer todos los partidos desde esa fecha es «Las siglas de la democracia», del profesor de la UAM Gonzalo Sichar).

Pero echemos un vistazo a todos los partidos que lograron representación en los primeros comicios de la democracia:

Vean por orden de votos: UCD, PSOE, PCE, AP, PSP, (esos a nivel nacional, es decir, 5), y en espectros ideológicos muy similares a los actuales: La UCD puede considerarse un PP+Cs, el PSOE es el PSOE, el PCE está en Podemos, AP se puede asemejar con matices a Vox y el PSP podría ser (con muchísimos matices una especie de Más País).

Los separatistas

Veamos los nacionalistas/separatistas: Pacte democràtic (Convergencia), Unió, ERC, PNV, Euskadiko Eskerra, (en ese momento brazo político de ETA político militar), Candidatura Aragonesa de centro, y Candidatura Independiente de Centro.



Vamos, que el panorama, salvo algunos matices no es que haya cambiado una barbaridad, ¿no creen? Los bloques siguen siendo los mismos 42 años después, las siglas se mantienen en muchos casos y las operaciones para conseguir arrancar parcelas de poder, también están ahí.

¿Qué ha cambiado, pues, para que todo el sistema político español se haya ido al traste en estas 4 décadas?

Pues la clave está simplemente en que hasta hace unos pocos años, tanto derecha como izquierda podían pactar con nacionalistas (ojo, en aquel momento ocultaban de manera más o menos disimulada sus intenciones separatistas), en aras de la gobernabilidad del país.



El PP podía gobernar con CiU aunque sus militantes cantasen en la noche electoral de 1996 aquello tan célebre de «Pujol enano, habla castellano». Y Aznar podía pactar con Arzalluz con la nariz tapada para sacar adelante la situación de bancarrota de un país arruinado por las políticas de Felipe González en su último etapa.

Ese sapo supo y pudo tragárselo la derecha y luego la izquierda de Rodríguez Zapatero para conseguir la estabilidad política.



Y lo hicieron probablemente por el pecado original de esta democracia, y por la propia idiosincrasia del Régimen del 78: primero porque no hay una fuerza de centro fuerte que sea capaz de consolidarse como árbitro y respaldo de la fuerza.

Ni Suárez lo logró con su experimento del CDS, ni Rosa Diéz lo logró desde la socialdemocracia, ni parece que tenga éxito experimento de Albert Riverta en Ciudadanos.

Las dos Españas

Las malditas dos Españas que no se ponen de acuerdo, y que ahora, por la radicalidad de secesionistas vascos y catalanes hacen inviables las mayorías en un Parlamento prácticamente paralizado durante tres años.

Solo una reforma electoral, tan sencilla, pero tan compleja, sea la solución para no estar en el eterno retorno de vivir en gobiernos en funciones. De vivir con presupuestos pasados de fecha, de mantener un parálisis un país que no se puede permitir otra crisis como la de 2008.



Opciones para cambiar el sistema las hay, muchas, y doctores tienen las Facultades de Ciencias Políticas para proponer, el Parlamento para disponer y el pueblo español para refrendar.

Hasta entonces, hasta que no juguemos a ponerle el rabo al pollino, seguiremos secuestrados por los que quieren acabar desde dentro con el sistema democrático. Defendamos nuestra Constitución con toda la fuerza de la ley, para lograr la estabilidad que España necesita para dejar de estar encallada en un eterno día de la marmota cuyo fin necesitamos ver ya en la pantalla del cine.



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