Un caballo llamado Errejón de Troya


Se llaman Diego López Garrido y Cristina Almeida. Los dos están ahí, el uno más o menos en la memoria de los que hemos seguido la política española de los últimos 40 años, y la otra en las noches de laSexta compitiendo con los Sálvame Deluxe de los sábados.


No se diferencian mucho un programa de otro, de hecho, probablemente sea en muchos de sus tramos más digno y veraz el espacio que presenta Jorge Javier Vázquez. Desde luego es mucho más divertido.

Pero Almeida, esa musa de la izquierda de la cadena de Atresmedia, sí, de Atresmedia, fue también en su tiempo, caballo de troya del PSOE en una coalición que se llamaba (y aun se llama, si la memoria no me falla), Izquierda Unida. Almeida y Garrido y algún palmero más que les acompañaba en aventuras, fundaron una “corriente de opinión”, lo que podemos denominar comunmente y sin florituras como “tocar los huevos”, dentro de la formación, que se llamaba Nueva Izquierda.

¿Y qué era ese experimento? Pues era ni más ni menos que las ganas de ese sector de Izquierda Unida de pasarse al PSOE de la manera que fuera.

Primero formando una corriente de opinión. Después, poco a poco desvinculándose de la línea oficial del momento, -a finales de los 90 comandados por Julio Anguita-, y después, fundado un partido fantasma que se integrase también de manera fantasmagórica en Ferraz 70.

Paco Ordóñez

¿Eran los primeros? En absoluto. Fernández Ordóñez lo hizo unos años antes con un partidito que le sirvió incluso para ser Ministro de exteriores. Y al duo Garrido-Almeida también les sirvió, vaya, vaya, para terminar en la casa común de la izquierda, en la casa del pueblo de Madrid.

Garrido terminó siendo portavoz parlamentario del PSOE durante los 2000 y Almeida, además de contertulia, -oficio que nunca abandona-, fue candidata a la Asamblea de Madrid y dio tardes de gloria a un entonces sobrado Alberto Ruiz Gallardón. Ni que decir tiene quién ganaba los combates dialécticos.

Lo que consiguieron Almeida y Garrido fue claro: desestabilizar a Izquierda Unida y evitar el famoso sorpasso que tanto y tanto obsesionaba, -y nunca logró-, Julio Anguita.

MP no es más que una versión postmoderna y millenial de aquella Nueva Izquierda, que además de corriente de opinión dentro de Izquierda Unida, se llegó a constituir como formación política

Su único fin era romper la unidad de un proyecto que podría haber reunido ante sí a la izquierda honrada de España, -en aquel momento el PSOE estaba en su peor momento con los casos GAL, Filesa, etc,- y servir de Caballo de Troya y provocar ruido, ruido y más ruido.

Lo consiguieron, y el proyecto de conseguir una izquierda alternativa al PSOE tardó en llegar, -si es que alguna vez ha llegado-, al menos dos décadas.

Pero toda esta introducción histórica para qué, se preguntarán ustedes. Pues para que veamos el paralelismo entre los Caballos de Troya que se introducen o comparten un proyecto con la intención de terminar en otro, de otro de mucho más calibre.

Nos estamos refiriendo, obviamente a Más País, un proyecto del que dudamos que tenga vocación de ser cola de ratón, sino más bien cola de león.

Errejón de Troya

Íñigo Errejón tiene tanta ambición de llegar a “tocar poder” y hacerlo de la manera que sea, que no le ha importado reventar Podemos, utilizar sus resortes, y utilizar una plataforma de pasarela (Más País) para terminar más pronto que tarde en las filas del PSOE.

En ese sentido, MP no es más que una versión postmoderna y millenial de aquella Nueva Izquierda, que además de corriente de opinión dentro de Izquierda Unida, se llegó a constituir como formación política, adoptando el sobrenombre de Partido Democrático de la Nueva Izquierda.

No les extrañe ver a Errejón de Ministro de Exteriores en la próxima legislatura, como Paco Ordóñez lo fue con Suárez y la UCD primero y a los pocos meses con el PSOE y Felipe González después. No les extrañe ver a las masas en Ferraz en la noche electoral gritando “Con Íñigo, sí”, del mismo modo que en abril gritaban “Con Rivera, no”.

La decisión final

Probablemente en aquel momento, Pedro Sánchez ya tenía pensado que ni de broma iba a pactar un gobierno con Podemos y que haría lo mismo que Rajoy, apurando los plazos hasta el final. Ahora sabe que promocionando a Errejón hasta la saciedad en sus medios afines (todos), puede que hasta le salgan las cuentas. Será cuestión de esperar al 10 de noviembre y esperar al recuento de votos, para ver si el Caballo de Troya triunfa o no.

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