Vamos a nuevas elecciones generales

La decisión de Pedro Sánchez ya estaba tomada desde hace semanas, probablemente desde hace meses. Quizás tras la misma noche electoral el presidente en funciones ya sabía cuál era el destino de esta legislatura.


Y es que desde ese mes de abril Pedro Sánchez sabía que el destino de España sería volver a pasar por las urnas. Probablemente sus sondeos internos le sean favorables en lo que respecta al PSOE.

Pero eso no es justificación para que el país haya estado paralizado durante meses y meses a la espera de un posible acuerdo que posibilitara un gobierno de coalición o en solitario, pero que al menos se consiguiera una gobernabilidad para poner en marcha el país.

Ahora, el próximo mes de noviembre tendremos que volver a las urnas. Y tendremos que hacerlo en las mismas condiciones que lo hicimos en el mes de abril pero con otros condicionamientos, es decir viendo cómo se han comportado unos partidos y cómo se han comportado otros.

Desde la izquierda, desde el Partido Socialista y Unidas Podemos, los esfuerzos por llegar a un acuerdo de gobernabilidad han sido nulos; el teatro montado por ambos ha sido continuo, y la investidura fallida de julio ha sido solamente una teatralización de un acuerdo que nunca tuvo visos de prosperar.

Nunca quisieron acordar

Podemos hizo que quería el acuerdo, el PSOE hizo como que quería el acuerdo también, pero ninguno de los dos quería realmente llegar a un pacto. Ambas formaciones hicieron un paripé: probablemente el mayor paripé de la democracia moderna.

Que si gobierno de coalición, que si vicepresidencias, que si ministerios de Estado… todo para llegar a nada. La falta de acuerdo de dos formaciones cuyos líderes políticos son incapaces de poner sus egos bajo tierra y estar a la altura de las circunstancias que exige el país.

El centro y la derecha

En el centro derecha las cosas también han estado bastante movidas. El Partido Popular ha estado prácticamente desaparecido durante todo este tiempo. ¿Por qué? nos preguntamos.

Pues probablemente porque Pablo Casado bastante ha tenido con poner orden en sus propias filas ante las rebeliones internas e intentos de mover la silla a un líder que con 66 diputados, – los peores resultados del centro derecha en España en los últimos 40 años, – se planteaban si podía seguir al frente del Partido Popular.

Los Alonso o Feijóo no se lo han puesto nada fácil al recién llegado, que con apagar los fuegos en provincias ha tenido más que suficiente entretenimiento.

Ciudadadanos

Ciudadanos por su parte con 57 diputados no ha sabido recoger ese enorme caladero de votos que le han llegado desde el centro izquierda y desde el centro derecha.

Lejos de aprovechar la enorme oportunidad de convertirse en la segunda fuerza de nuestro país y en la primera de la oposición, Ciudadanos ha cometido errores de bulto dividiendo al partido en sectores socialdemócratas y en sectores liberales; probablemente lo que algunos veían como una ventaja se ha convertido finalmente en su lento pero constante declive.

Vox

Por su parte, Vox sigue siendo la gran incógnita de cara a los próximos comicios: ¿que ocurrirá con la formación de Santiago Abascal?

Pues unas encuestas dan una ligera subida a la formación conservadora, otras dan prácticamente los mismos resultados que en abril y otras, como la del CIS dan un resultado casi residual a la formación encabezada por el ex diputado del Partido Popular.

¿Con que quedarnos entonces? Probablemente los resultados de Vox en las próximas elecciones del mes de noviembre sean prácticamente los mismos: en torno a entre 20 o 30 diputados.

Una tendencia que probablemente también sea la del resto de formaciones políticas.

Posibles resultados

¿O es que acaso piensan ustedes que los resultados de ahora van a cambiar demasiado a los de abril?

No es verosímil que más allá de una bajada de la participación y un voto de castigo a ciertas opciones políticas, el reparto de poder varíe mucho en cuanto a bloques con respecto a abril.

Con lo cual nos podemos encontrar dentro de apenas dos meses con la misma situación en la que nos encontramos ahora.

Es decir, con un Congreso paralizado con un gobierno incapaz de formar una mayoría parlamentaria y con unos presupuestos que no puedan ser aprobados en la Cámara baja: en definitiva, con una economía y con unas políticas sociales que estén absolutamente condicionadas por la falta de acuerdo entre todas las formaciones políticas.

Espiral

España ha entrado por tanto en una espiral de difícil resolución en la que por si había pocos actores, (hasta ahora cinco: PSOE, PP, Podemos Ciudadanos y Vox), puede unirse un sexto partido de ámbito nacional o semi-nacional como es la formación que prepara Iñigo Errejón.

Esa escisión de Podemos (Más Madrid), que en la capital y la Comunidad tan buenos resultados ha tenido, podría presentarse a las próximas elecciones generales y quitar un puñado de representantes a la formación morada el 10 de noviembre.

Con lo cual el reparto y los acuerdos serían todavía más complicados.

Estamos ante probablemente la etapa más complicada de la democracia moderna para conseguir una estabilidad política y hemos visto que la actual clase dirigente no está dando la talla.

Es por eso que la participación pensamos que también va a bajar de manera drástica con respecto a la que se dio el pasado mes de abril.

Si en aquel momento fue superior al 75 %, en esta ocasión no dudamos de que el 70 será un techo más que amplio; probablemente ni siquiera se llegué a ese porcentaje.

Participación

Y es que el hastío en muchas de las clases sociales, en muchos de los votantes, en muchos de los electores españoles es manifiesta.

La desconexión de las clases dirigentes con respecto a sus bases, a sus electores, a sus militantes y a sus simpatizantes es absoluta. Y eso es lo más peligroso de este proceso que estamos viendo en los últimos meses y años.

Desconexión

Esa desconexión absoluta de los políticos con los ciudadanos de la clase dirigente con respecto a los representados.

Porque cuando el sistema representativo deja de funcionar o hay una desconexión, las tentaciones de uno u otro signo se vuelven muy apetecibles. Y ese es el gran riesgo de la democracia española.

Un riesgo que pensábamos y que pensamos absolutamente descartado después de 40 años de Constitución, pero que tras la nefasta actuación de los partidos políticos y sus dirigentes puede volver a reactivarse.

Ojalá los españoles hablen alto y claro en las urnas el próximo 10 de noviembre.

Ojalá puedan formarse mayorías.

Ojalá puedan hacerse y llevarse a cabo las políticas necesarias para dar estabilidad al país.

Ojalá puedan aprobarse unos presupuestos generales del Estado.

Ojalá se pueda dar una respuesta a la grave crisis territorial que vive nuestro país desde hace una década.

Ojalá se den respuestas a los problemas que estamos teniendo y a la crisis económica que está ya asomando por la puerta.

Ojalá no tengamos que lamentarnos de haber perdido tanto tiempo con discusiones y con cálculos electorales.

Ojalá no tengamos que volver a pasar por las urnas en seis meses.

Ojalá esta sea la definitiva y tengamos de una santa vez un gobierno que nos merezcamos .

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